14F : ¡Bécquer, te necesito!

¿Qué es el amor?

Algún romántico empedernido, o un extraterrestre erudito ( ¿o es que eres de los que piensas que estamos solos en el universo?), contestaría en tono empalagoso y  a lo Bécquer:

<< ¿ Y tú me lo preguntas? ( …) eres tú>>

En el Día de los enamorados a esta hora de la tarde la palabra amor se ha pronunciado millones de veces en los programas de radio, la televisión, las redes sociales. Hoy he salido a tomar un café y no he podido resistirme a un trozo de tarta de queso con fresa en forma de corazón; era como si el trozo de dulce me obligara a comérmelo por el hecho de ser hoy el día de los enamorados. La dueña de la cafetería me lo ha servido, me ha guiñado un ojo y me ha dicho: <<Disfrútalo>>

Y eso he hecho. Me ha encantado su complicidad al verme sin pareja. Porque de alguna manera con el trozo de tarta en forma de corazón me ha recordado que lo principal en la vida es quererte a ti misma más que a nadie en el mundo, independientemente de tu estado sentimental.

Y si te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared, te voy a dar una paliza por haber escrito mi nombre dentro…

Cuando yo era una adolescente ingenua ( ¿redundancia? ) me encantaba esta canción de Radio Futura. Soñaba con que el chico que me gustaba , o del que realmente estuve enamorada en el instituto , pintara un corazón en el muro del patio , con mi nombre dentro. Y sin embargo hoy en día la letra de Radio Futura no pasaría el filtro de los convencionalismos ni de broma; eso de pegarte una paliza es absolutamente incorrecto, tanto política como socialmente como para poder emitirse en la radio, a riesgo de ser tachados de maltratadores en potencia.

Y es que el amor que yo conocí parece haberse evaporado como el agua y ahora no es amor del bueno , sino del líquido: que fluye y pasa , no se queda , como el cauce del río, que va a parar al mar. Ya nadie quiere comprometerse. Nos hemos vuelto tan independientes que no concebimos la libertad compartida. Ponemos mil excusas para no afrontar la aventura más maravillosa de los seres humanos, porque el precio que hay que pagar nos parece inconcebible o peor aún, inútil. Cuando comenzamos una relación sabemos que va a terminar, que tiene que terminar. Que no vamos a permitir que un nuevo ser, que no somos nosotros mismos, ocupe un sitio único, por delante del nuestro.

Así entiendo yo el amor, que no el enamoramiento. Yo que escribo novelas suelo decir que no son de amor, sino de enamoramiento: el momento en el que una pareja se conoce y se desea, o de una pareja que se conoce de años y la vida vuelve a juntarles. En ambos casos nunca se trata de amor de verdad. Sino de enamoramiento o enajenación mental, excitación desbordada y pasión descontrolada, que tarde o temprano se acaba. Porque los lectores demandan eso, y solo eso. Nada de niños llorones que te quitan el sueño u otras circunstancias domésticas que rompan el hechizo de ese desenfreno hormonal que te sacude el cuerpo y el alma. Por eso cuando escribo una novela me reconcilio con Eros. Las páginas de la vida son un misterio. Nadie sabe a ciencia cierta cuando acaban. En cambio una novela concluye en un número determinado en donde el autor cual dios omnipotente hace y deshace a su voluntad y decide siempre que el enamoramiento no muera. Por esta razón, mientras estoy describiendo los sentimientos de mis personajes siento mariposas en mi estómago como le pasa a ella cuando se encuentra con su chico de repente. Y se me eriza la piel  como a él cuando tras varios obstáculos ambos se funden en un beso.  Porque mientras en mis páginas es eterno, en la vida real ya sé que no lo es.

Me consuela pensar que no soy la única y que la historia de la literatura está llena de impostores. Que no hace falta estar enamorado para escribir sobre ello al igual que no hace falta matar a nadie para describir lo que se le pasa  al asesino por la cabeza. El amor cortés se basa en un engaño y parte de la base de que el poeta usa a su musa como el foco de su inspiración. Pero solo para eso, pues en la vida real el poeta no ama con tanto celo ni mucho menos se complica la vida, a riesgo de ser batido en duelo por el esposo de la misma. Casualidades o no dichas damas solían estar siempre casadas.

Y en tanto que de rosa y azucena hay mucho capullo suelto que sigue usando la misma estrategia de Garcilaso de la Vega para pasar un buen rato, sin imaginar que de vez en cuando el amor aparece como por arte de magia y trastoca la rutina como un toro que cruza una calle de Pamplona a principios de julio.

Sirva de advertencia este artículo de San Valentín para todos los incautos que se creen inmunes al veneno del dardo de Cupido. En  la mayoría de los casos olvidamos que no somos más que motitas vulnerables hechas de carne y alma a partes iguales y que deambulamos por el universo de las pasiones sin entenderlas, comprenderlas y mucho menos tomar conciencia de ellas. De que existen aunque, por miedo, miremos hacia otro lado.

Yo, por si acaso, saldré de casa a pecho descubierto.

GOD SAVE LOVE (DIOS SALVE EL AMOR)

Inaudito pero cierto: Meghan y Harry dejan atrás sus deberes institucionales como miembros de la familia real británica.

Sin duda para mí, adicta incurable al amor y otros demonios, es la mejor noticia del año. Al igual que los bebés traen un pan debajo del brazo comienzo enero con la lagrimilla de emoción al ver al pelirrojo aniñado y a la morena estilosa enfrentarse a una institución tan casposa como anacrónica. Así se me presentan estos dos locos cuya capacidad de amar denota la cordura con la que han decidido apartarse de Buckingham para iniciar una vida. La suya. La que a nadie nos importa.

Y es que como ya pasó con Rivera y Malú, a veces el mundo parece como si se ordenara entre tanta mentira y falta de principios. Entonces suelto una gran carcajada. Y algo en el alma, que debe estar directamente conectado con los músculos de la sonrisa, se caldea al son de la danza de la magia.

Estoy enganchada a la serie británica The Crown, magnífica dicho sea de paso, en la que se cuenta la vida de la Reina de Inglaterra y abuela de Harry. Y me viene a la cabeza la dicotomía en la que se basa la estructura de cualquier familia real: El deber al amor o el amor al deber. Algunos casos de la historia de esta peculiar dinastía se decantan por la primera: la del deber al amor. Ya pasó cuando Eduardo, el tío de Isabel II se enamoró perdidamente de la excéntrica divorciada Wallis Simpson. La consecuencia directa de aquel arrebato fue la renuncia al trono, recayendo en la niña que jamás pensó que llegaría a reinar. Tras esa bonita historia de amor, del bueno, de ese en el que la idea de envejecer juntos no es un disparate, surgió otra no menos romántica y apasionada. Pero en este caso el amor al deber pudo más.  No ganamos para disgustos, debieron pensar Isabel y Felipe mientras tomaban el té en los jardines de palacio. Y es que Margarita, la pequeña princesa rebelde (entendiendo la rebeldía como la natural tendencia del ser humano a la pasión) se enamoró ¿locamente? Dejémoslo en que se enamoró a secas,  pues el hecho de hacerlo es en sí mismo una locura que no tiene comparación con ninguna otra. La princesa en cuestión amaba al Capitán Peter Townsend por encima de todas las cosas, incluida la corona. Pero como este también estaba divorciado (para que luego digan que lo de romper es tendencia de hace un par de lustros) nunca pudieron casarse. Es decir, que mientras su tío Eduardo fue desterrado con la recompensa de que podía vivir feliz y comer perdiz junto a Wallis, la pobre Marga tuvo que quedarse en palacio, fumando un pitillo frente al televisor mientras las lágrimas de impotencia, dolor, angustia y desesperación recorrían su rostro. Y estuvo triste, muy triste. A pesar de su boca de fresa y de su sencilla alegría. Entonces aún no sabía que una foto se la devolvería.

Y ahora llega ella, la flamante Duquesa de Sussex plantando cara a su destino. El mismo que parecía escrito con tinta imborrable.  Y como si interpretara el papel de protagonista en su Hollywood añorado, cambia los privilegios de la monarquía por otros más plebeyos: los de la fantasía de Disney. Ella, que era la princesa del cuento,  ha dejado a la altura del betún a la Cenicienta. A Blancanieves, Rapunzen y a Mulán también. Incluso a las más revolucionarias como Mérida, de Brave (Indomable) Y escribe su propio guion, que para eso estamos en el siglo XXI: Sale de Londres, junto a su marido y el pequeño Archie. Vuela a un reino lejanísimo llamado Canadá en busca del tesoro. En su travesía a la felicidad superan muchos escollos. Pero en el pasado no temieron tempestades con nombre de cuñadas envidiosas ni emboscadas de paparazzi encorsetados de hipocresía y flema made in English. Y aunque intuyen que el mar de sus sueños no será siempre una balsa de aceite, cuentan con el mejor GPS de todos los tiempos. Ambos se descargan la misma aplicación, gratuita: DIOS SALVE EL AMOR.

 Diana , desde el cielo, llora. Pero de risa.

2020: ¡VAMOS!

Mi primer propósito del 2020 es no hacer propósitos.

El despropósito de no poner puertas al campo ni de trazar un esquema. El despropósito de no pensar más de lo estrictamente necesario.

Tampoco voy a proponerme no enamorarme. Pero no  tengo el propósito de esperar en la torre de marfil que envuelve mi corazón a que un caballero me solicite amistad a través de las redes. Que ya no estamos en los tiempos del amor y el cólera, o la guerra o algún drama similar. Y los caballeros no cabalgan en tiempos del Me Too por cobardía. O vaya usted a saber.

Tocan mensajes de guasap y nunca llamadas. No vaya a ser que me haga ilusiones y ya se sabe que ahora la caída es dolorosa, por eso del desgaste articular, la lumbalgia y demás achaques naturales de la edad. Por lo tanto, lo mejor será no esperar nada o al menos no hacerlo a propósito, a riesgo de que se cuele el amor verdadero entre tanta tontería y me pille demasiado descafeinada como para recibirlo como se merece.

Y aunque a todos os pueda parecer un despropósito, no procuraré crear castillos en el aire sin pasarme por un Leroy Merlín a comprar una escalera infinita. No me propongo olvidar que los peldaños tan solo se suben a base de esfuerzo desmedido. De horas robadas al sueño y de jornadas eternas de resiliencia.  O no. No pensaré que el azar en este 2020 pueda salir a mi rescate ni imaginaré que será mi año. Ni me conformaré con pensar que cuando algo sale bien irremediablemente algo malo colocará de nuevo mis pies en el suelo.

Por mucho que el desatino me persiga, no me haré una lista de deseos con todo lo que podría ser lo razonable para procurar que este desbarajuste deje de serlo. Porque por más que cambie de año, o de década, mi naturaleza no lo permitirá. La tendencia a la equivocación es tan mía como la de vivir dejándome llevar por el instinto. Cabe decir que ambas solo se explican porque van siempre juntas. Las llevo como si fueran mis hijas, una a cada mano. No procuraré abandonarlas en fechas señaladas ni me prometeré hacerlo. Porque estaría dejando atrás mi propia esencia.

Y no sé si por torpeza o por costumbre, no procuraré pedir un deseo por cada uva que me coma. No vaya a ser que me atragante y comience el año vomitando el lechal, el cava y todos los extras de estos días de gula, desenfreno y mañanas de ibuprofeno.

Así pues, si el único propósito que tengo para el 2020 es el de no hacer propósitos, es más probable que no caiga en el error de prometer ver más a mis seres queridos. De alejar de mí para siempre a las personas que consciente o inconscientemente me han hecho daño. De pensar antes de hablar o de morderme la lengua aunque me quede con ganas de decir lo que realmente siento a riesgo de ofender sin pretenderlo.

Porque a fin de cuentas, la vida, una vez más, sin proponérselo, me mostrará el camino.

Y eso, aunque parezca lo contrario, es en sí mismo un gran despropósito.

¡FELIZ 2020!

Carta a las Guerreras

Arenga de Carlos Viver a las Guerreras en la Final contra Holanda, Kumamoto 2019

<<Lo importante no es ganar o perder, sino participar  y divertirse>>

Esta frase que alguna vez habréis escuchado, la repetía hasta la saciedad Torrebruno, un showman de los años 80. El hombre, italiano y muy gracioso entretenía mi infancia con su programa Sabadabadá cantando aquello de << Tigres, leones,  todos pueden ser los campeones>>

Sin duda, vosotras hoy lo habéis sido.

Merecísteis la victoria, Guerreras. Pero a seis segundos del final la injusticia os la ha arrebatado. A seis segundos de la gloria y tan siquiera ha necesitado pasamontañas para cometer el delito. Twitter se ha caído de indignación mientras se preguntaba si la suerte es, a las puertas del 2020 y con toda la tecnología del mundo a nuestro alcance,  de los valientes.

 Este equipazo de balonmano que formáis  ha demostrado que cuenta con una de las cualidades  a mi juicio indispensable de toda buena persona y de grandes deportistas sobre todo: la humildad. Habéis luchado hasta el final para ganar. Sin embargo el azar os ha traicionado. El salto instintivo  de Ainhoa para blocar el saque de la portera holandesa no era para tarjeta roja. El rebote fue a parar a manos de Shandy. La jugada continuaba  hasta que la árbitra pitó. El sueño se esfumó y el penalti nos quemó como un cañonazo en el centro del pecho.

Que merecíais el oro lo sabemos. Pero la realidad dictó sentencia a siete metros del primer puesto. Vuestros gestos de impotencia hablaron por sí solos. Hemos asistido a la entrega de la plata a través de las pantallas con la amarga alegría de reconocer en vosotras a unas ganadoras natas. Los mensajes de rabia se sucedieron y la palabra ROBO fue trending topic durante horas. Nadie entiende qué demonios ha ocurrido en esos últimos segundos de partido. Sobra mencionar que  la magia vivida en la remontada ha sido adrenalina en estado puro. Aun ahora al escribiros se me eriza la piel. Habéis hecho que millones de personas nos emocionemos como niños un domingo por la mañana frente a la tele. La locura desatada desde Kumamoto ha traspasado hogares a miles de kilómetros de distancia. Habéis hecho que nos olvidemos de que en  este país sin gobierno, aún queda gente auténtica que , como vosotras , sacrifica las individualidades a favor del equipo. Lucha por lograr sus sueños. No tira la toalla a pesar de que alguien con un silbato se equivoque y se la arrebate.

Si lo de esta mañana hubiera sido una película, mañana o quizás la semana próxima amaneceríamos con la noticia de que el vídeo de los últimos segundos se ha revisado. El resultado  quedaría anulado y las Guerreras volveríais a jugar el final del partido. O al menos tendríais la opción justa de disputar una prórroga que en la vida real os ha sido robada con absoluta impunidad. Y eso que las navidades están a la vuelta de la esquina.

Baldosas de mazapán

Una cosa de la Navidad que me encanta, aparte del turrón de chocolate Suchard es que a ninguna persona de las que conozco le da vergüenza expresar abiertamente lo que siente.

Ñam, ñam

Aunque sea por wasap.

Y es que entramos en el mes ñoño por excelencia: Diciembre. El mes en el que tenemos días libres para juntarnos con nuestras familias. Y aunque a algunos les parezca una tragedia, la mayoría de nosotros, por muy rancios que seamos, sentimos ya ganas de lucecitas, de dulces , del anuncio emotivo de la lotería y de todo tipo de artículos inútiles que solo compramos ahora.

Sufrimos de una maravillosa amnesia transitoria cuyos síntomas son: Enloquecimiento en los centros comerciales, siestas ante el televisor los domingos encantados con películas de serie B en torno a Santa Claus, tendencia a decorar la casa con excesivo brilli brilli, y sobre todo, absoluto enganche emocional ante todo lo que signifique y huela a almendra. Durante estas fechas se nos olvida lo que engordan los polvorones y de lo redicha que puede resultar a veces tu cuñada. De lo mal que nos sienta el Anís del Mono y de lo nefastas que son las letras de los villancicos. Porque sencillamente, sacamos a la luz junto con los leds del árbol, nuestros sentimientos más íntimos y  genuinos. Aquellos que escondemos durante el resto del año por el terror a mostrarnos tal y como somos y no conectar con el resto del mundo. De un tiempo a esta parte cualquier cosa que enunciamos a través de las redes sociales o en directo ofende. Nos olvidamos de que somos muchos y de que es imposible gustar a todos.

Por eso : ¡Benditas fiestas navideñas! Porque resurge la vulnerabilidad de nuestro ser y es en esta época en la que deseamos más que nunca la felicidad. Disfrutar del amor de los nuestros, de la ternura y de la alegría sin coraza alguna. Sin pensar que el 7 de enero está a la vuelta de la esquina y que volveremos a la triste realidad del kiwi, la leche desnatada y de los cereales integrales.

Pero de aquí a ese día nos separa un dulce camino de baldosas de mazapán. Disfrutemos de la dicha que confiere el ser uno mismo. Gocemos de ese abrazo a tus padres, sin pensar que quizás el año próximo no estén.  Comámonos a besos a esos sobrinos a los que vemos poco y que cada año se parecen más a nuestros hermanos. Comportémonos con la inocencia del niño que llevamos dentro pero sin confundir la vulnerabilidad, la que nos hace avanzar como personas dignas de ser amadas con la debilidad. Porque el hecho de sentir miedo a que la felicidad dure unos días y de que se esfume casi al instante de rozarla es lo que nos hace ser mejores. Quizás por ello resulta mucho más gratificante. Y pensemos que lo mejor de la vida es vivir sin hacer planes. Sin querer controlarlo todo .

Afrontemos este mes con valentía y tengamos el coraje de decir y hacer  lo que nos apetezca. Esta es sin duda la mejor época para hablar con el chico que te gusta desde hace meses ¿ Por qué no? O pedirle sal a esa vecina tuya que te vuelve loco. O invitar a cenar a ese compañero de trabajo que no deja de mirarte pensando que tú ni te enteras. Y al igual que septiembre es el mes de los divorcios, diciembre es sin duda el del amor. Ya habrá tiempo para sufrir. No te precipites. Busca el muérdago y cuando lo encuentres, ponte debajo. Asegúrate de tener al lado a la persona que quieres. Al menos a la que deseas en ese momento. Que tras las uvas, ya la vida se encargará de guiarte. Mientras tanto disfruta de tu paréntesis, que para eso nieva fuera. Recuerda que los besos saben mejor cuando hace frío.

Porque el año se termina. Y tú eres lo suficientemente mágico como para ponerle el broche de oro que se merece. Y brindar: Lo mejor, sin duda, siempre está por venir.

Si eres capaz de soportar estoicamente toda la felicidad que se te viene encima, de empacharte de abrazos y de besos hasta reventar sin pararte a pensar un solo instante en el futuro, entonces, solo entonces habrás recibido el mejor de los regalos.

Alma Viva , la gurú del desamor: últimas reseñas

ALMA PORTADA BUENA

Sinopsis

A veces una vida entera no basta para olvidar lo que significa temblar si me miras.

Alma Viva decide montar su propio bufete sin imaginar que su destino como gurú absoluta del desamor en Madrid tiene los días contados. Una mañana cualquiera se asoma al balcón de su despacho y se encuentra con Jacobo Arias, su primer novio del instituto, al que apartó de su vida por su ambición profesional.

Desde entonces algo dentro de su corazón se ha removido. ¿Será capaz de volver a su caparazón de abogada fría e insensible o, por el contrario, resurgirá en ella esa Alma Viva primigenia que flotaba sobre el suelo cuando Jaco le susurraba al oído aquello de ¡¡¡Ay, Alma mía, voy a comerte entera!!!

Reseñas de los usuarios

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Una comedia romántica muy divertida. La autora con una excelente imaginación nos pone a leer las historias de sus personajes enredados en la difícil situación de enfrentarse al divorcio, pero contado siempre con un humor mordaz y situaciones muy graciosas. Lo he pasado muy bien leyendo este libro.

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Como todas las novelas de Ava Cleyton, Alma viva La gurú del desamor sigue la línea de historias frescas y super entretenidas contadas con el estilo vivo y creativo que Ava Cleyton sabe dar a sus personajes, enredados en sentimientos encontrados y llenos de contradicciones que hacen que se cuestionen su día a día…..¡ Muy recomendable !

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Me ha encantado la trama y sobre todo la forma de escribir de la escritora. No la conocía y simplemente me atrapó de principio a fin. Muy divertida, fresca y cotidiana. Lo único que me desinfló un poco fue el final, pero entiendo que lo deja así para que cada quien lo cierre como quiera. Totalmente recomendable, aunque yo preferiría tenerlo en libro físico. Desde luego buscaré más libros de la autora pues me ha encantado!. 

8 de noviembre de 2018

Es un libro muy divertido que te engancha desde el primer momento. Historias locas en las que el (des)amor es siempre el protagonista! Estoy deseando leerme más libros de esta autora.

¡¡¡¡¡ GRACIAS!!!!

Piedras rodantes 8 : ¿ Y qué es para ti estar contento?

¡Come y calla! solía repetirme mi madre , desesperada, cuando al volver de la cocina con los segundos platos para mis hermanos, miraba horrorizada mi sopa, o mi puré de verduras , o mis lentejas… y comprobaba que una vez más , ni lo había tocado…

Ahora que he comenzado a leer SOMOS LO QUE HABLAMOS , de Luis Rojas Marcos , o lo que es lo mismo <<El poder terapeútico de hablar y hablarnos>> he recordado mi infancia, lo feliz que naturalmente era , y lo que me reía, y hablaba … Es insultante para algunos que con 47 años siga exactamente igual que entonces. Enemiga de los filtros, de las medias tintas y de los silencios incómodos e inútiles, disfruto hablando de todo y con todos, y no hay nada en el mundo que me motive más que una buena conversación, en la que escuche a aquellos que saben más que yo de un tema que me interesa, o que desconozco, o que jamás me hubiera planteado. Porque como dice Rojas Marcos, la salud no es solo la falta de enfermedad. Cuando alguien me pregunta sobre cómo estoy, soy sincera , explayo una sonrisa enorme y contesto: ¡Muuuuy bien!, porque ¡es cierto! Me siento genial. Según el prestigioso médico, el bienestar o la salud consiste en sentirse bien física, psiquica y socialmente. Es por lo que la ciencia no solo busca curar los males, sino descubrir todo tipo de productos, tratamientos o terapias que nos proporcionen lo que para algunos es inalcanzable, que no es otra cosa que la felicidad.

Hoy por hoy… tengo el trío de ases. ¿ Que soy una tonta feliz? Puede ser, pero según pasan los años siento que lo mejor que me queda por hacer es recuperar mi alma de niña, si es que la he perdido en algún momento, es posible, y tratar de disfrutar de la vida venga como venga. Total, va a pasar igual, y si me dan a elegir, yo como Serrat prefiero un buen polvo a un rapapolvo, y un bombero a un bombardero… y cada cual con su avería.

Una vez Darwin preguntó a un niño de cuatro años: ¿ Y qué es para ti estar contento?

Y el pequeño sabio contestó: Reirme, hablar y dar besos.

Piedras rodantes 7 : “Ava” fénix

De vez en cuando la vida te pega un tortazo en la cara, recordándote que por ser tuya no tienes ningún derecho a controlarla. Ayer, sin ir más lejos, había planeado un día fantástico en Madrid :firma en la notaría, clientes satisfechos , ¡Vamos a celebrarlo! Comida y tarde de compras, ya que estamos, aprovechando el viaje, que esto de ir poco a la capital entraña el riesgo de que se me olviden mis raíces.

Y de repente mi coche se para en medio de la carretera. Sin preaviso. Lo primero que pensé es que me había quedado sin gasolina, mis despistes me preceden… Llámate al seguro, que te manden la grúa, mientras mi compañera exaltada por la aventura en la ciudad  se planta el chaleco naranja ─nos llega a ver Albert Rivera …─ y se pone a hacer un reportaje fotográfico de lo más ¿ glamuroso?

Pues cuando la vida da limones, ¿ por qué no hacer limonada? Llevamos el coche al taller. Toneladas de azúcar para endulzarla. Un mecánico me mira con cara de pena al intentar arrancarlo. A continuación me pregunta : ¿ Has cambiado alguna vez la correa de distribución? A lo que le contesto: ¿ Qué es eso ?

Nuestra conversación es breve. Sólo me interesa saber cuanto antes lo que me va a costar la broma.

¡ Qué pasta , a la mierda mi viaje a Capadocia!

Pero la vida es demasiado maravillosa para ser perfecta… Vuelvo a mi carpe diem y amanezco que no es poco. Un café y a trabajar para reparar el entuerto.

Mi “Ava” fénix no tiene remedio, y está muerta de risa espiando de soslayo, una vez más sus propias cenizas.

Piedras rodantes 6: Un buen año en LAS HISTORIAS DE AVA

Gracias a todos por tropezaros en mi camino haciéndome rodar con todas las ganas: UN ABRAZO especial a mis compis de la CADENA SER, Ángel Calamardo, Juncal Roldán, Viti, Antonio Rada,Sara Cebrián, Cris, Aldo y al resto del equipo, por recibirme siempre en la radio con UNA SONRISA ESPECTACULAR.

A los amigos del CLUB DE NOVELA NEGRA, a los locos de TAIGA, a la gente de la BIBLIOTECA REGIONAL DE TOLEDO, por hacerme partícipe de tan buenos momentos, como el MAZAPANOIR 2018.

Un abrazo GRANDE  a todos y cada uno de los escritores que he conocido. Vuestra experiencia me enseña que la vida es maravillosa y más cuando se sabe contar.

Y un BESO GIGANTE  a vosotros que me seguís de alguna u otra forma. Mola mucho saber que estáis ahí!!!!!

¡¡¡¡¡ FELIZ AÑO 2019!!!!

 

 

Piedras rodantes 5: ¿ Y las españolas pa` cuando?

La vida es demasiado bonita para ser perfecta.

Ahora más que nunca siento mi frase como tremendamente definitoria.

Es un hecho que todo depende del color del cristal con que se mire.

Vivimos tiempos maravillosos en los que la humanidad entera está traspasando lineas impensables, consideradas peligrosas. Lineas contínuas , como las de mi piedra.

Me too.piedras 5

Esta semana haciendo una revisión sobre el gran movimiento feminista sin precedentes que surgió a raiz de la primera denuncia contra el productor de cine norteamericano Harvey Weinstein, he descubierto muchas cosas que antes no veía. Y todo gracias a mi hija María Sánchez Rubio, autora del fantástico Trabajo Fin de Grado ( TFG) << Woody Allen en la era del Me Too: el monstruo tras la pantalla>> Un halo de orgullo me recorre de pies a cabeza solo de pensar que ella como muchas mujeres de las nuevas generaciones vive el feminismo como algo intrínseco a su persona, natural, una herencia que les ha tocado en su momento de máximo esplendor, cuando sus abuelas han luchado sin descanso para derribar muros, cruzar fronteras, destrozar barricadas y visibilizar tantos casos de acoso sexual a lo largo del tiempo. En esta era revisionista de las malas costumbres de muchos hombres sobre el tratamiento que otorgan a sus compañeras de trabajo, amigas, novias, hermanas, madres o hijas, hemos encontrado un camino lleno de escollos , de grandes moles de piedra sentadas sobre los sillones de piel de los juzgados, de los parlamentos, de las comisarías, de los cuarteles de la Guardia Civil, instituciones donde se presupone la lucha transparente contra la violencia sexista en pro de la igualdad. Pero ya se sabe que la justicia en cuanto a cuestiones de género se refiere es tan solo una utopía alejada totalmente de la realidad.hollywood

Esta semana haciendo zapping encontré a un señor que se define como muy español y que recibe en su casa a sus amigos mientras bebe vino y hace que cocina, diciendo que <> Totalmente de acuerdo. Ahora me pregunto: ¿ Cuál,  la tuya, la mía, la de tu mujer , la de las prostitutas que son explotadas por la trata de blancas que en este país nuestro tan europeo se consiente , tal y como nos ilustraba Mabel Lozano el pasado martes en Toledo, o la de todas las mujeres de Hollywood que han denunciado a los poderosos de la industria del cine haciendo temblar los cimientos de una institución cuyo glamour se ha construido sobre los pilares del silencio y la mentira?Mabel Lozano

Realidad o ficción,

la gran dicotomía del cine y de las artes en general, lo único que puedo y quiero considerar como cierto es que si hemos de separar la obra del autor seamos nosotros mismos quienes decidamos y pensemos que si la libertad que nos hemos ganado a pulso a lo largo del tiempo nos sabe a pura ambrosía es porque nadie tiene derecho alguno a decirnos lo que tenemos que pensar. Aunque es muy dificil no hacer juicios de valor cuando la mayoría de las actrices que trabajan en los Estados Unidos han puesto las cartas sobre la mesa denunciando los abusos que han tenido que sufrir para llegar a lo más alto y brillar como estrellas en un firmamento oscurecido por los vicios, mentiras y escándalos sexuales.

Ahora me resulta muy complicado volver a ver una película de Woody Allen sin recordar las acusaciones de abusos por parte de su hija adoptiva y que ensombrecen el halo de genialidad que le ha protegido hasta la fecha o reirme a carcajadas con un capítulo de la serie de Bill Cosby cuyo papel era el de un padre encantador,  simpático y ejemplar, sin que un rictus de rabia e impotencia empañe mi mirada.